jeudi 13 juin 2013

Cettelan, Schneider y mi duda ante las respuestas de silencio incierto.

El 29 de Mayo de 2013 conocí a dos artistas, Maurizio Cattelan y Gregor Schnider a través de un documental titulado "Art Safari".
Si bien ambos siguen líneas completamente diferentes en lo que a su obra refiere, me llamó la atención la coincidencia de los dos a la hora de afrontar las preguntas que les hacía su entrevistador acerca del sentido de su obra, a la causa o la motivación de ambos para hacer lo que hacen: Schider permanece en ocasiones en silencio y ofrece rápidas evasivas a la vez que Cattelan responde copiando las respuestas de un transeunte ajeno a la conversación, y esto me da mucho que pensar, peor vayamos por partes:

Maurizio Cattelan se niega a aparecer en su documental, en primer lugar. En sus entrevistas, para las cuales utiliza dobles que hagan de él, insiste en su falta de talento, no crea sus obras, sino que las encarga y se las hacen otras personas (como Monsieur Valière o Daniel Duret, nombrs que creo oportuno mencionar ya que oficialmente no figuran como autores), ni las explica, se niega a hablar de ellas.

Algunas de sus obras consisten, por ejemplo, en colocar un burro en una sala de exposición porque no se le ocurrió nada más; o un disfraz gigante rosa con forma de pene que llevaría puesto un galerista Parisino durante seis semanas, a quien incluso ridiculizaría en los medios; o "Betsy", la abuela en el frigorífico del coleccionista Benjamin Brown.


Maurizio Cattelan. Betsy, 1999.

La producción de Cattelan parece ser alabada por la crítica de los coleccionistas y entendidos, y lo que a Ben Lewis, el conductor del documental, le puede parecer un chiste fácil, a un galerista que entrevista le parece una "interpretación con subtextos profundísimos, relacionado con la muerte, algo en lo que, si se piensa, se puede llegar a comprender el sentido de la vida."
A mí me sugiere varias ideas.
Para empezar, podemos entender a Maurizio como una persona que vio cómo abrirse paso en el mundo del arte mediante obras que se ríen del mismo para vivir a costa de él. (carece de formación artística, y decidió ser artista tras ver una exposición de Pistoletto) Y teniendo en cuenta cómo reacciona el "mundillo" ante la mofa, buscando significados transcendentales de ascensión metafísica en una broma a costa de un coleccionista rico que posiblemente no adquiera la obra por una gran suma de dinero porque la comprende, o porque le gusta, sino porque comprar arte da estatus y porque así ayuda a promover el mercado de arte y su nombre se deja oír.
Muy posiblemente este argumento haya salido de otro vídeo que vimos en Historia del Arte, "La Maldición de la Monalisa" de Robert Hughes. Aquí dejo el enlace para la parte que veo relacionada con este tema:


Otro de los puntos interesantes del vídeo es cuando Lewis tiende una trampa al doble de Cattelan: lo lleva, mientras cree que va a una entrevista, ante un frigorífico en el que había colocado a la versión humana de "Betsy", quien le pregunta por el sentido de su obra e intenta profundizar en las contradicciones de sus planteamientos. Ante esto el doble contesta con respuestas incoherentes.
No me parece serio por parte de un artista, aunque su discurso incluya lo mal artista que es y aunque se valga de la ironía para expresarse, negarse a hablar sobre su obra o a conceder una entrevista. La obra, en mi opinión, es el argumento, lo que se quiere decir, y los medios para plasmarlo son  la voz. Si uno se niega a "hablar sobre lo que dice", entonces es mejor no decir nada.
Aunque por otro lado, el mundo del arte que se conoce a través del enfoque de "Art Safari" es digno de satirizar, es digno de reírse de él porque sí...




Maurizio Cattelan, Bidibidobidiboo, 1996.

Gregor Schneider, en cambio, expone su casa. Tal cual suena, remodela y expone su casa, lo que por un lado me resulta interesante puesto que va más allá de los soportes regulares de las artes figurativas , y se está abriendo completamente al espectador, ya que lo que tiene que ofrecer para mostrar quien es es su propia casa, abre las puertas de sí mismo ante el espectador casi literalmente. 
Por otro lado, está presuponiendo al proponer su casa que el espectador se interesará por ella, lo que quiere decir que se interesa por Gregor Schneider y su vida. 
Ahora bien, el hecho de que las instalaciones de este artista consistan en habitaciones muertas, lúgubres y siniestras es un tanto preocupante, a mí me generaron claustrofobia y eso que las estaba viendo en una pantalla, sin estar allí. Es una casa de la que no se puede salir, y esto es lo que intenta transmitir el autor,en sus propias palabras.



Esto sugiere la posibilidad de que Gregor le ha ocurrido algo terrible, porque el concepto y la obra dan miedo de verdad, aunque a los visitantes del museo no parece importarles. 
Tras investigaciones de Lewis, que acude hasta a un detective privado para comprobar que Hanne Lore Rohen, una mujer con la que presuntamente convive Schneider, no existe, acaba obteniendo, después de muchos silencios apáticos de Gregor, el trasfondo de su obra: no parte de un trauma personal, sino de reflejar la posguerra alemana. 
Más allá de las reflexiones que ya he expresado, me quedo con otro aspecto de estos dos vídeos: la importancia de la personalidad pública del artista. 







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